viernes, 12 de junio de 2015

Cómic: Las drogas no son como las pintan


LAS DROGAS NO SON COMO LAS PINTAN

A continuación encontrarán un cómic sobre las drogas y sus efectos en el cerebro, como parte de la Actividad 2 del Eje 4 del Curso Propedéutico de la UNAdM.









Texto Académico: Cerebro Adicto


Las adicciones y el cerebro: lo que la ciencia nos ha enseñado


Ciertamente todos sabemos que las adicciones son un problema mundial. Sin embargo, la perspectiva que se tiene acerca de la adicción ha ido evolucionando a lo largo del tiempo conforme la ciencia va avanzando. En décadas pasadas, cuando se comenzaron a hacer estudios sobre las adicciones en los años 30, se pensaba que ésta era un problema moral o de la falta de voluntad de las personas que lo padecían. Esta visión, ha cambiado drásticamente en los últimos años. Ahora se sabe que las adicciones son una enfermedad más, la cual es catalogada como crónica (White, Boyle y Loveland, 2003), tal como la diabetes o la hipertensión, y es desde esta perspectiva médica que ahora se plantean formas de tratar las adicciones.

Las investigaciones recientes  demostraron que uno de los factores más importantes en las adicciones es el cerebro y su química (Hyman y Malenka, 2001). Se ha encontrado que el consumo de sustancias adictivas cambia la estructura cerebral, así como la química. Y es precisamente ese cambio asociado al consumo de sustancias lo que dificulta su tratamiento, pues el cerebro humano se acostumbra a recibir las dosis de las sustancias, y cada vez necesita dosis mayores, y el placer que causaba con anterioridad el comer o tener sexo ahora es mucho menor (Robinson y Berridge, 2000). Adicionalmente, también se ven afectadas otras capacidades cognitivas como la memoria, la toma de decisiones o el control de los impulsos (Volkow y Fowler, 2000).

A pesar eso, las investigaciones también han demostrado que no todas las personas desarrollaran una adicción. Existen ciertos factores que predisponen a una persona a desarrollar una adicción (factores de riesgo), tales como la genética, la falta de supervisión parental, el fácil acceso a drogas o el tener pares que consuman sustancias (Kilpatrick et al. 2000). Y por otro lado, también existen factores que ayudan a evitar que una persona se vuelva adicta (factores de protección), tales como redes sociales estables, padres atentos y que brindan apoyo, políticas que restringen el uso de sustancias, entre otras (Hawkins, Catalano y Miller, 1992).

Sin embargo, es en la adolescencia donde se corre especialmente un mayor peligro, ya que en esa etapa del desarrollo, el cerebro aún está desarrollándose y no terminará por completo sino hasta después de los 20 años (Chambers, Taylor y Potenza, 2003). Es por eso que en este periodo los jóvenes son impulsivos, emocionales y a veces irresponsables, por lo que fácilmente podrían tomar la decisión de consumir una sustancia si tiene disponibilidad a ella, si sus amigos igual consumen, o si sus padres no lo vigilan lo suficiente. De esta forma, los efectos de las drogas en su cerebro en formación, no hacen más que aumentar el riesgo y las repercusiones a largo plazo del consumo de sustancias, lo que vuelve el consumo de sustancias a esta edad un peligroso círculo vicioso.

Afortunadamente, todo esto ha sido descubierto por medio de la observación científica y por la experimentación con modelos animales. Y gracias a ello, cada día se tiene más información sobre las adicciones y su impacto en las personas. En consecuencia, cada vez tenemos más información que podemos usar en favor de prevenir el consumo de drogas, especialmente entre los adolescentes, y en fomentar políticas públicas dificulten o restrinjan el consumo de sustancias en los jóvenes y personas en riesgo (Ennett et al., 2003). Sin duda, aún queda un largo camino por recorrer para buscar mejores modelos de tratamiento y prevención, pero los hallazgos científicos señalan que vamos por buen camino, y que de seguirlo, pronto podremos tratar a las adicciones como una enfermedad más que algún día podría tener un cura y no solo un tratamiento prolongado.


Referencias

Chambers, R. A., Taylor, J. R., & Potenza, M. N. (2003). Developmental neurocircuitry of motivation in adolescence: a critical period of addiction vulnerability. American Journal of Psychiatry.
Ennett, S. T., Ringwalt, C. L., Thorne, J., Rohrbach, L. A., Vincus, A., Simons-Rudolph, A., & Jones, S. (2003). A comparison of current practice in school-based substance use prevention programs with meta-analysis findings.Prevention Science, 4(1), 1-14.
Hawkins, J. D., Catalano, R. F., & Miller, J. Y. (1992). Risk and protective factors for alcohol and other drug problems in adolescence and early adulthood: implications for substance abuse prevention. Psychological bulletin, 112(1), 64.
Hyman, S. E., & Malenka, R. C. (2001). Addiction and the brain: the neurobiology of compulsion and its persistence. Nature reviews neuroscience, 2 (10), 695-703.
Kilpatrick, D. G., Acierno, R., Saunders, B., Resnick, H. S., Best, C. L., & Schnurr, P. P. (2000). Risk factors for adolescent substance abuse and dependence: data from a national sample. Journal of consulting and clinical psychology, 68(1), 19.
Volkow, N. D., & Fowler, J. S. (2000). Addiction, a disease of compulsion and drive: involvement of the orbitofrontal cortex. Cerebral cortex, 10(3), 318-325.

White, W. L., Boyle, M., & Loveland, D. (2002). Alcoholism/addiction as a chronic disease: From rhetoric to clinical reality. Alcoholism Treatment Quarterly, 20(3-4), 107-129.