Las
adicciones y el cerebro: lo que la ciencia nos ha enseñado
Ciertamente todos sabemos que
las adicciones son un problema mundial. Sin embargo, la perspectiva que se
tiene acerca de la adicción ha ido evolucionando a lo largo del tiempo conforme
la ciencia va avanzando. En décadas pasadas, cuando se comenzaron a hacer
estudios sobre las adicciones en los años 30, se pensaba que ésta era un
problema moral o de la falta de voluntad de las personas que lo padecían. Esta
visión, ha cambiado drásticamente en los últimos años. Ahora se sabe que las
adicciones son una enfermedad más, la cual es catalogada como crónica (White,
Boyle y Loveland, 2003), tal como la diabetes o la hipertensión, y es desde
esta perspectiva médica que ahora se plantean formas de tratar las adicciones.
Las investigaciones recientes demostraron que uno de los factores más
importantes en las adicciones es el cerebro y su química (Hyman y Malenka,
2001). Se ha encontrado que el consumo de sustancias adictivas cambia la estructura
cerebral, así como la química. Y es precisamente ese cambio asociado al consumo
de sustancias lo que dificulta su tratamiento, pues el cerebro humano se acostumbra
a recibir las dosis de las sustancias, y cada vez necesita dosis mayores, y el
placer que causaba con anterioridad el comer o tener sexo ahora es mucho menor
(Robinson y Berridge, 2000). Adicionalmente, también se ven afectadas otras
capacidades cognitivas como la memoria, la toma de decisiones o el control de
los impulsos (Volkow y Fowler, 2000).
A pesar eso, las
investigaciones también han demostrado que no todas las personas desarrollaran
una adicción. Existen ciertos factores que predisponen a una persona a
desarrollar una adicción (factores de riesgo), tales como la genética, la falta
de supervisión parental, el fácil acceso a drogas o el tener pares que consuman
sustancias (Kilpatrick et al. 2000). Y por otro lado, también existen factores
que ayudan a evitar que una persona se vuelva adicta (factores de protección),
tales como redes sociales estables, padres atentos y que brindan apoyo,
políticas que restringen el uso de sustancias, entre otras (Hawkins, Catalano y
Miller, 1992).
Sin embargo, es en la
adolescencia donde se corre especialmente un mayor peligro, ya que en esa etapa
del desarrollo, el cerebro aún está desarrollándose y no terminará por completo
sino hasta después de los 20 años (Chambers, Taylor y Potenza, 2003). Es por
eso que en este periodo los jóvenes son impulsivos, emocionales y a veces
irresponsables, por lo que fácilmente podrían tomar la decisión de consumir una
sustancia si tiene disponibilidad a ella, si sus amigos igual consumen, o si
sus padres no lo vigilan lo suficiente. De esta forma, los efectos de las
drogas en su cerebro en formación, no hacen más que aumentar el riesgo y las
repercusiones a largo plazo del consumo de sustancias, lo que vuelve el consumo
de sustancias a esta edad un peligroso círculo vicioso.
Afortunadamente, todo esto ha
sido descubierto por medio de la observación científica y por la experimentación
con modelos animales. Y gracias a ello, cada día se tiene más información sobre
las adicciones y su impacto en las personas. En consecuencia, cada vez tenemos
más información que podemos usar en favor de prevenir el consumo de drogas,
especialmente entre los adolescentes, y en fomentar políticas públicas
dificulten o restrinjan el consumo de sustancias en los jóvenes y personas en
riesgo (Ennett et al., 2003). Sin duda, aún queda un largo camino por recorrer
para buscar mejores modelos de tratamiento y prevención, pero los hallazgos
científicos señalan que vamos por buen camino, y que de seguirlo, pronto
podremos tratar a las adicciones como una enfermedad más que algún día podría
tener un cura y no solo un tratamiento prolongado.
Referencias
Chambers, R. A., Taylor, J. R., & Potenza,
M. N. (2003). Developmental neurocircuitry of motivation in adolescence: a
critical period of addiction vulnerability. American
Journal of Psychiatry.
Ennett, S. T., Ringwalt, C. L., Thorne, J.,
Rohrbach, L. A., Vincus, A., Simons-Rudolph, A., & Jones, S. (2003). A
comparison of current practice in school-based substance use prevention
programs with meta-analysis findings.Prevention Science, 4(1), 1-14.
Hawkins, J. D., Catalano, R. F., & Miller,
J. Y. (1992). Risk and protective factors for alcohol and other drug problems
in adolescence and early adulthood: implications for substance abuse
prevention. Psychological
bulletin, 112(1), 64.
Hyman, S. E., & Malenka, R. C. (2001).
Addiction and the brain: the neurobiology of compulsion and its persistence. Nature reviews neuroscience, 2
(10), 695-703.
Kilpatrick, D. G., Acierno, R., Saunders, B.,
Resnick, H. S., Best, C. L., & Schnurr, P. P. (2000). Risk factors for
adolescent substance abuse and dependence: data from a national sample. Journal of consulting and clinical
psychology, 68(1), 19.
Volkow, N. D., & Fowler, J. S. (2000).
Addiction, a disease of compulsion and drive: involvement of the orbitofrontal
cortex. Cerebral cortex, 10(3), 318-325.
White, W. L., Boyle, M., & Loveland, D.
(2002). Alcoholism/addiction as a chronic disease: From rhetoric to clinical
reality. Alcoholism Treatment
Quarterly, 20(3-4),
107-129.